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Hay muchas cosas de Francia que me parecen espectaculares, entre ellas, París y su gastronomía
Lo primero habla por sí solo. Aunque esa no fue la impresión que me llevé la primera vez que estuve en París. Y si no, juzga por lo siguiente:
1. Matas de pelo enmarañado rodando por las calles como si fueran arbustos en el desierto. Vale que era una calle llena de peluquerías, pero, ni un paisaje de Magritte consigue una escena más surrealista.
2. La torre Eiffel adornada con luces intermitentes de colores como si fuera un árbol de navidad. No apto para románticos. Ni para personas que sufren epilepsia.
3. Un hombre insultando a su novia en el metro. No es que quisiera entrometerme en una conversación privada, pero gritar a viva voz en el vagón está bastante lejos de ser comunicación privada. París, ciudad del amor. Y del odio.
Menos mal que volví a visitar la ciudad (no sin un poco de recelo) y me llevé otra impresión. Mucho mejor, lejos de las calles de pelos rodantes, la torre Eiffel con galas navideñas y los amores que matan en el metro.
